Patricia Abarca

ODS número 2: El reto del hambre cero

ODS número 2: El reto del hambre cero
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Estar alertas a lo que pasa en el mundo es parte de enfrentar la vida con un propósito. Las imágenes del hambre en América Latina han disminuido, es verdad. Pero no por eso dejaremos de visibilizar a los más de 820 millones de seres humanos malnutridos en la tercera década, ya, del siglo 21. De esa cifra, son más de 150 millones de niños y niñas, especialmente de Asia y África. Lugares que hoy, ya no están tan lejos… Hambre cero, es el Objetivo de desarrollo sostenible que nos convoca hoy.

La Real Academia Española, RAE, ofrece tres acepciones para definir “hambre”:

  1. Gana y necesidad de comer.
  2. Escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria generalizada.
  3. Apetito o deseo ardiente de algo.

ODS_iconosCuando se propone el segundo de los 17 objetivos de desarrollo sostenible como “Poner fin al hambre”, se piensa el concepto en su segunda significación: Escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria generalizada.

Las cifras que nos entregan las Naciones Unidas, para dar cuenta de por qué se ha considerado este como el objetivo número 2, provienen de estudios serios realizados por la FAO en conjunto con otras instituciones cuyo objetivo es actualizar las estadísticas para no perder el norte. Entre ellos, uno de la UNICEF: El estado mundial de la infancia 2019, titulado “La naturaleza cambiante de la malnutrición”, es especialmente impactante.

Ahí se habla de nuevos conceptos que vale la pena tener en cuenta. El hambre no es lo que fue hace 40 años. Aunque sigue habiendo niños con emaciación, es decir ese adelgazamiento patológico producto de la malnutrición, lo cierto es que no solo podemos vincular la mala ingesta de nutrientes en un niño o niña a la delgadez extrema sino también a la obesidad. El hambre no se mata con pan, ni con papas, ni solo con arroz, ni solo con masas o pastas. Poner fin al hambre, como lo entendemos en este ODS, es procurar que la humanidad toda tenga acceso a una buena alimentación, y la fotografía de esto que se nos viene a la cabeza, es una imagen llena de los colores maravillosos que contienen las frutas y verduras que la tierra nos regala alrededor del planeta.

Malnutrición, emaciación, obesidad...

Según el estudio de la FAO, “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo: Transformación de los sistemas alimentarios para que promuevan dietas asequibles y saludables (2020)”, el progreso hacia la consecución de los objetivos y metas que dicen relación con el hambre en el mundo, no es muy auspicioso:

  • El número de personas subalimentadas en el mundo siguió aumentando en 2019. Si no se invierten las tendencias recientes, la meta de poner fin a todas las formas de malnutrición, incluso logrando, a más tardar en 2025, las metas convenidas internacionalmente sobre el retraso del crecimiento y la emaciación de los niños menores de 5 años, y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de edad, no se cumplirá.
  • Si estas tendencias se mantienen, la distribución del hambre en el mundo cambiará considerablemente, haciendo de África la región con el número más elevado de personas subalimentadas hacia el 2030.
  • La inseguridad alimentaria moderada o grave afecta a un cuarto de la población mundial y ha ido aumentando a lo largo de los últimos seis años. Más de la mitad de la población en África, casi un tercio en América Latina y más de un quinto en Asia, padecen inseguridad alimentaria.

Tú y yo podemos aportar

Si eres uno de esos ciudadanos que tiene hambre en su tercera acepción, es decir, apetito o deseo ardiente de terminar con el hambre en el mundo, toma nota de las propuestas que hace la ONU sobre lo que podemos hacer desde nuestro anónimo lugar.

  • Se pueden hacer cambios en la vida cotidiana —en el hogar, en el trabajo y en la comunidad—, apoyando a los agricultores o a los mercados locales y tomando decisiones sostenibles sobre la alimentación, apoyando la buena nutrición para todos y luchando contra el desperdicio de alimentos.
  • También podemos utilizar nuestro poder como consumidores y votantes, exigiendo que las empresas y los gobiernos tomen las decisiones y realicen los cambios que hagan posible lograr el objetivo del Hambre Cero. Podemos participar, ya sea en las plataformas de las redes sociales o en nuestras comunidades locales.
  • Y podemos sumarnos al Movimiento Mundial en favor del Hambre Cero participando en la iniciativa “El reto del Hambre Cero” para saber más, especialmente sobre otras formas de actuar.

La invitación está hecha. Lo que parece un problema mundial ajeno a mi, ya no va más. Nos queda claro, después de vivir una pandemia global en estos tiempos, que lo que yo haga y deje de hacer afecta más de lo que querríamos. La buena noticia es que si nos ponemos a hacer cosas buenas, también vamos a impactar positivamente en la solución y, al compartirlo con el mundo, es posible que más de alguno se contagie.

 

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